25 de agosto, 2019.
Ok Daniela, hola, primero que todo.
Claramente sabes porque escribir esto, pero para intentar ponerle orden, vamos a mencionarlo.
1) Quieres pensar que esto va a ser un salvavidas (no te estas ahogando, por cierto) y que todo se va a solucionar si escribes.
2) Tienes la esperanza de que alguien lo lea, así seas tú, y que te guste
3) Siempre quisiste tener un diario, no es porque creas que necesitas hablar contigo, ya lo haces todo el tiempo. Pero siempre lo quisiste. Puede que la culpa sea de Hollywood, en realidad sabes muy bien que lo es.
4) No quieres pagar un psicólogo, siendo bastante sincera; deberías (No, no es porque te estés ahogando; no tienes problemas serios, solo muchas incapacidades).
5) crees que va a ser divertido, porque eres banal, lo sabes y está bien.

Y bueno, ahora que ya terminamos con la lista, vamos a intentar comenzar con esto. He puesto la fecha de un costado, y de forma inclinada porque he sentido que es más profesional (es un diario, ¿Quién te crees?) Ya sé que no tiene mucho sentido, pero como en realidad quiero que alguien lo lea en algún momento y piense que no soy tan banal, voy a decirlo, aunque eso lo remarque. En realidad (intenté poner un sinónimo de “realidad” porque lo estaba diciendo mucho, pero en realidad así hablo, y este es mi diario, no me voy a mentir) no tengo ningún problema con ser banal, yo creo que lo soy, que lo soy bastante. Creo también, que no lo suficiente, que a veces soy (borraste la palabras consciente y capaz, que lo sepas) alguien que aspira a no ser banal. Me pregunto una cosa, ¿tiene algún merito reconocerlo? Yo creo que reconocer que soy banal es lo que no me hace “lo suficientemente banal” como para ser feliz. Aunque tal vez estoy confundiendo términos, yo creo que la gente a la que no le importa nada es muy feliz, y creo que la gente banal no es necesariamente feliz, mi amiga Laura, por ejemplo. Siempre que pienso en alguien banal, pienso en Laura, me arrepiento un poco de hablar mal de Laura con Stefania, me arrepiento también de creer que no estaba hablando mal solo porque lo que decía era verdad. Me doy cuenta que de una forma u otra, siempre termino en un punto en el que critico a la gente. A Laura le tengo cariño, de eso también me he dado cuenta.
En fin, quisiera pensar en como voy a desarrollar este espacio de desahogo, pensé en comenzar con una anécdota o una frase, y de ahí desencadenar algo…eso tal vez me haría parecer alguien interesante. Por mucho tiempo pensé que era alguien interesante, y que solo tenia incapacidades sociales, y que era tímida, pero con el tiempo me doy cuenta que no, solo no soy interesante, nada tienen que ver mis habilidades sociales (que, si son un asco igual, eso también es bastante cierto el día de hoy, ojalá cuando estés leyendo esto ya no sea así. Me pregunté si debía tal vez releer esto y hace correcciones-o no- pero creo que no voy a hacerlo, voy a dejarme “sorprender con mi -apuesto muy mala- forma de escribir de 22 años cuando tenga más que eso).
Hoy estuviste llorando un poco, mientras caminabas hacia tu casa en Belgrano, Cramer 3383. Lloraste por Camila, y porque nunca te apoya en nada, no hubo una conversación con ella, solo la encaraste en tu imaginación, pero bueno, terminaste llorando. Hace un par de semanas no llorabas. Solemos llorar bastante, no era así de pequeñas, creo que no llorábamos tanto. También es cierto que cuando llorábamos de pequeña, llorábamos inconteniblemente (de forma incontenible suena mejor según sthepen King, lo leímos esta semana) y nos atorábamos bastante. Una vez Mafe Amado nos dijo que teníamos que aprender a llorar, porque así no se lloraba. No sé quien se cree Mafe Amado para decirle a alguien como llorar. Ahora somo muy amigas de llorar, pero no somos amigas de Mafe amado (ya lo sabes, obviamente, pero tal vez no te acuerde de ella, y nunca hay que olvidar a Mafe amado, fue buena amiga en realidad; nosotras no)
Hace una semana, estábamos en casa de Emi, y empezamos a hablar de la primera vez que lloramos, a mí se me vino a la cabeza la vez que cielo me tiro ese balde con agua y hielos encima porque no quería comer (Nunca olvides esta historia, no creo que lo hagas igual, pero te lo digo, no la olvides, y úsala en un guión(qué feo comentario en un diario, pero bueno, así somos; feas)) Yo no conté esta historia, conté la vez que ese niño nos pegó en el ojo con el sube y baja. Ya no estoy tan segura de porque no conté la real, creo que es porque no quería que pareciera que tuve una infancia muy triste, yo no creo haber tenido una infancia triste, sin embargo, casi todo lo que recuerdo de ella sí lo es, no sé cual sea el motivo de eso. Recuerdo que mi Papá siempre nos llevaba empanadas y cosas de panadería cuando llegaba de trabajar, recuerdo que lo esperábamos con ansías. También recuerdo que un día yo no era así, y cuando mi papá llegaba todas corríamos para escondernos. Siento que esto siena como si me pegara, pero no era por eso que corríamos, era porque siempre estaba de mal humor, yo no siento que mi papá tenga mucho la culpa de mi mala autoestima, pero ahora que veo ese recuerdo, tal vez su constante insatisfacción con nosotras si allá ayudado a que no me sienta nunca conforme con lo que hago, pero la realidad es que lo que hago siempre suele estar bastante mal, no creo que sea solo un problema de autoestima. Eso si creo que es culpa de mi familia, soy bastante inútil, y si estoy segura que es porque así me ven ellos, nunca me confiaron hacer algo. La verdad es que espero seguir escribiendo en este diario, no quisiera dejarlo y no me tengo mucha fe de seguirlo, no suelo seguir muchas cosas. Hoy estaba leyendo un libro que nos dejo una profesora de guión, es la gaviota, de Chejov. Hay una frase que me gustó bastante, y quiero usarla para despedirme. Al menos ahora, que aún estoy y que no he llorado escribiendo esto, quiero que llegue el momento en el que me hagas llorar, porque ahora me siento bastante impostada, intento ser sincera y genuina, pero sé que estoy en una pose. Eh aquí la frase
 
A Daniela (en realidad es María), que no recuerda a sus allegados, ni sabe para qué vive en este mundo. ¡Adios!-

Ay, antes de irme, acaba de pasar algo rarísimo, se cayó del armario mi lonchera en donde guardo cosas para el pelo. Se cayó sola y no estaba en la esquina, ni tampoco era liviana. Adjuntaría una foto, pero haría este espacio menos serio, y yo quiero que me sirva para hacer catarsis.

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